
Para mí Barnes era una de mis principales referencias. De esas que uno guarda durante toda la vida, junto con el Napoleón ilustrador de libros para pibes, Grillo y Sábat. A todos los conocí aprendiendo a leer con los Polidoro y se me grabaron en la retina como un momento impresionante e insuperable de la gráfica argentina. La primera vez que vine a Barcelona, en el 93, por pura casualidad me alojé en un hotelucho del barrio del Raval. Vino a buscarme Horacio Elena y en cuanto me subo al coche, me dijo señalando la puerta de al lado del hotel: Aquí vive el Pacho Barnes. Le pedí el teléfono y al día siguiente lo llamé desde el teléfono público de la esquina. "Si estás al pedo, venite ahora", me dijo Pacho. Cinco minutos después, el tipo me abría la puerta de su casa, me daba charla, miraba mis carpetas y mis libros y se resistía un poco a mostrarme sus dibujos, de puro darle poca bola, nomás. Pero el estudio estaba lleno de cosas con sus garabatos amontonados en los estantes. Rollos de papél higiénico con caritas, cajas de huevos transformadas en personajes y unos cuantos dibujos hechos con brea, la misma técnica del libro "El pueblo que no quería ser gris", para mí su trabajo más potente. Cuando le empecé a preguntar un poco, el tipo se fue aflojando y empezó a abrir carpetas y carpetas. Parecía orgulloso de lograr que el dibujo con brea no tuviera relieve, Lo decía mientras les pasaba el dedo encima muy suave. Me mostró una tonelada de dibujos, charlamos mucho durante horas y me dió un empuje tremendo para que mostrase mis cosas en editoriales catalanas. Curiosamente, tenía poco trabajo, protestaba, porque era protestón con fundamento, pero no se quejaba. Creo que aquí no supieron darse cuenta del monstruo que tenían tan a mano.Qué decir que yo estaba completamente maravillado. Con sus dibujos y con él. Nnos vimos un par de veces más. A mí me habían dado cita en algunas editoriales para muchos días después y me había quedado sin guita, me tenía que volver a Holanda, que en esa época estaba viviendo allá, entónces el Pacho Me dijo: "No seas boludo, quedate y hacé las entrevistas. Quedate en casa y te ahorrás el hotél". Casi no me conocía y me ofreció su casa en una época complicada. Me quedé diez días. Tanto pacho, como Beatríz Doumerc, me trataron de puta madre. Y hablabamos todo el tiempo, mientras veíamos Mac Giver, que le encataba y se cagaba de risa de lo boluda que era la serie. Durante esos días magníficos me empaché de dibujos extraordinarios, me contaron sus idas y vueltas, me enteré que Europa no era la mina de oro que muchos creemos que és y conocí las deliciosas huevas de pescado que preparaba Beatríz.Hice mis entrevistas y me volví a Holanda. Al poco tiempo me encargaron mi primer libro en Cataluña. Lo hice y decidí venir a ntregarlo en mano, porque me había flipado con Barcelona. Lo llamé a Pacho para mostrárcelo antes de entregarlo. Me atendíó Beatríz diciendome que estaba internado grave en un hospital y que era mejor no verlo.Volví a casa y unos dos meses después me enteré que Pacho se había muerto.Pacho dejó muchísimos dibujos, collajes, historietas y libros sin editar y sobre todo muchísimos libros que merecen una buena reedición ¡ya! A ver quién se aviva. El eclipse ya hizo lo suyo, pero creo que deberían prestar atención unos cuantos otros.Aclaro que Beatriz todavía vive en la misma casa y que sigue escribiendo, La veo muy esporádicamente. La última vez que la ví me regaló un dibujito chico de Pacho, de los que usaban como encabezamiento de un suplemento infantíl que hacían los dos para un periódico de Italia. (es el que está arriba en el cuadrito).





































































